Cómo conectar finanzas y estrategia

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Cómo convertir un Plan Estratégico en una realidad

Una estrategia solo es tan buena como la capacidad que tiene una empresa para ejecutarla.

Muchas organizaciones invierten semanas —e incluso meses— definiendo hacia dónde quieren crecer, qué nuevos mercados desean atender o qué proyectos impulsarán durante los próximos años. Sin embargo, cuando llega el momento de poner ese plan en marcha, aparecen obstáculos que nadie había previsto: inversiones mayores a las estimadas, falta de liquidez, dificultades para conseguir financiamiento o una rentabilidad inferior a la esperada.

En la mayoría de los casos, el problema no está en la estrategia.

Está en que nunca fue respaldada por una planificación financiera que hiciera posible su ejecución.

La estrategia define el destino; las finanzas hacen posible el viaje

La estrategia responde una pregunta fundamental: ¿hacia dónde queremos llevar la empresa?

Las finanzas responden otra igual de importante: ¿cómo vamos a lograrlo?

Su función no consiste únicamente en elaborar presupuestos ni en controlar gastos. Tampoco se limita a analizar estados financieros.

Las finanzas corporativas tienen la responsabilidad de proyectar el futuro financiero de la empresa, determinar los recursos que requerirá para alcanzar sus objetivos, evaluar distintas alternativas para obtenerlos y medir el impacto que cada decisión tendrá sobre la rentabilidad, la liquidez y el valor del negocio.

En otras palabras, transforman un plan estratégico en un plan ejecutable.

El error de separar ambas conversaciones

En muchas empresas, el plan estratégico se construye primero y el análisis financiero aparece después.

Cuando eso ocurre, las finanzas terminan intentando adaptar la realidad a decisiones que ya fueron tomadas.

El resultado suele ser conocido: proyectos que deben aplazarse por falta de recursos, inversiones que generan presión sobre la caja, prioridades que cambian constantemente o metas que nunca llegan a cumplirse.

No porque la estrategia fuera equivocada.

Sino porque la empresa nunca verificó si contaba con la capacidad financiera para ejecutarla.

Las organizaciones que logran crecer de forma sostenida hacen exactamente lo contrario. Incorporan el análisis financiero desde el momento en que comienzan a definir su estrategia. Así, cada decisión importante nace con una visión clara de los recursos que demandará, los riesgos que implica y el valor que puede generar.

Ejecutar la estrategia también es una decisión financiera

Toda estrategia requiere recursos.

Abrir una nueva operación, desarrollar un producto, adquirir otra empresa o expandirse a un nuevo mercado implica invertir capital y asumir riesgos.

La diferencia entre una empresa que ejecuta con éxito esos proyectos y otra que los posterga indefinidamente rara vez está en la calidad de su estrategia. Generalmente está en la calidad de su planificación financiera.

Cuando estrategia y finanzas trabajan de forma integrada, las decisiones dejan de responder únicamente a la intuición y pasan a apoyarse en información, escenarios y prioridades claramente definidas.

Al final, conectar finanzas y estrategia no significa realizar más reuniones ni elaborar presupuestos más complejos.

Significa asegurar que cada objetivo estratégico tenga detrás los recursos, el financiamiento y la planificación necesarios para convertirse en una realidad.

Porque una estrategia no genera valor por lo que dice.

Genera valor por lo que la empresa es capaz de ejecutar.

En AAA Finanzas Corporativas hemos comprobado que las empresas que integran la estrategia y las finanzas desde el inicio toman mejores decisiones, ejecutan con mayor disciplina y están mejor preparadas para crecer de forma sostenible.

También hemos visto las consecuencias de recorrer el camino inverso. Cuando la estrategia se diseña sin un respaldo financiero adecuado, suelen aparecer problemas de liquidez, retrasos en la ejecución, decisiones improvisadas y oportunidades que terminan perdiéndose.

Corregir esos problemas, una vez que ya se han materializado, suele ser muy costoso. La buena noticia es que esos costos se pueden evitar.

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Atentamente,
Galo Aguirre Fabara
Managing Partner
AAA Finanzas Corporativas