¿Dónde debería poner el directorio el próximo dólar?
Imagínese la última reunión de directorio.
El gerente general presentó buenos números: las ventas crecieron, el EBITDA mejoró y la caja está sana.
Hay satisfacción.
Y entonces, alguien pregunta:
—Muy bien. ¿Y ahora qué hacemos con esa plata?
Silencio.
No porque no existan opciones.
Sino porque, muchas veces, nadie se ha detenido a pensar cuál es la mejor.
Una empresa que genera caja tiene, en esencia, cinco caminos.
- Puede invertir en el negocio actual: mejorar procesos, incorporar tecnología o aumentar su capacidad.
- Puede destinarla a crecer: abrir nuevos mercados, desarrollar nuevas líneas o conseguir nuevos clientes.
- Puede comprar otra empresa y acelerar su crecimiento.
- Puede pagar deuda y reducir su riesgo financiero.
- Puede distribuirla a los accionistas.
Ninguno de estos caminos es, por sí solo, bueno o malo.
El problema aparece cuando la decisión se toma por inercia.
Invertimos porque siempre hemos invertido.
Crecemos porque siempre hemos crecido.
Pagamos dividendos porque los accionistas los esperan.
O compramos una empresa porque apareció una oportunidad.
Sin preguntarnos si ese dólar podría generar más valor en otro lugar.
Y aquí es donde el directorio tiene un papel fundamental.
El directorio no está para ejecutar.
Para eso está la gerencia.
Su responsabilidad es hacer las preguntas que permitan tomar mejores decisiones.
Una de ellas debería ser:
¿Estamos poniendo el capital en el lugar correcto?
La pregunta parece sencilla, pero cambia completamente la conversación.
Ya no se trata solamente de cuánto vendimos o cuánto ganamos.
Se trata de qué estamos haciendo con lo que ganamos.
Porque esos cinco caminos compiten por el mismo dólar.
- Invertir en la operación actual puede tener menos riesgo, pero también menor potencial de crecimiento.
- Comprar una empresa puede acelerar los resultados, pero implica nuevos riesgos.
- Pagar deuda puede ser una decisión prudente, pero también puede significar renunciar a una oportunidad de crecimiento.
- Y distribuir dividendos puede beneficiar a los accionistas hoy, pero reducir los recursos disponibles para crecer mañana.
Por eso, antes de decidir, el directorio debería exigir algo más que opiniones.
Cada alternativa debería analizarse financieramente, modelando sus posibles resultados, riesgos y retornos, para entender de manera técnica y objetiva cuál opción tiene mayor capacidad de generar valor.
No significa convertir al directorio en un comité de números.
Significa contar con información suficiente para que la decisión no dependa únicamente de la intuición, la experiencia o de quién defienda mejor una alternativa.
Porque una buena decisión estratégica también necesita sustento financiero.
La respuesta dependerá de la situación de cada empresa, de sus oportunidades y de los retornos que pueda obtener sobre el capital.
Lo importante es que la decisión sea consciente.
Que el directorio pueda explicar por qué ese dólar debe ir ahí y no a otro lugar.
Las empresas que crecen de forma sostenible no son necesariamente las que generan más caja.
Son las que toman mejores decisiones sobre cómo utilizarla.
Porque cada dólar que permanece en la empresa representa una decisión de capital. Y el trabajo del directorio es asegurarse de que ese capital esté siendo utilizado donde pueda generar el mayor valor posible.
Por eso, la próxima vez que el directorio revise resultados positivos, quizá valga la pena hacer una pausa antes de pasar al siguiente punto de la agenda.
Y preguntar:
¿Cuál de las alternativas que tenemos frente a nosotros crea más valor para la empresa y sus accionistas?
Responder esa pregunta requiere estrategia, pero también análisis financiero.
Porque generar caja es importante.
Pero convertir esa caja en valor es una de las decisiones más importantes que tiene un directorio.

Atentamente,
Galo Aguirre Fabara
Managing Partner
AAA Finanzas Corporativas
